Un fascinante artículo sobre el bullying escolar, haciendo hincapié sobre la situación en la Republica Dominicana. Como veis: afilad vuestras garras porque hay mucho por lo que luchar.
Gato Periodista
El bullying es tema mundial. Empezó a llamar la atención de los especialistas en los años 70 y poco a poco se fue tomando en las aulas. Hoy, es un problema que aumenta y que puede llevar al suicidio de los niños y adolescentes que lo sufren. República Dominicana no es la excepción.
Tenía 10 años, una figura redonda y lentes que enmarcaban su mirada infantil. Su uniforme siempre estaba planchado y sus zapatos, lustrosos. Era un "nerd" por fuera, homosexual por dentro, y sus compañeros de colegio lo habían notado hacía años. Fausto González (23, estudiante de administración hotelera) era el blanco perfecto para ser víctima de bullying: "Me golpeaban para verme correr y pedir clemencia, me ponían apodos ofensivos -"niña" era lo más suave que me decían-, me garabateaban la mascota con insultos, me excluían de grupos y juegos, me hacían llorar. Era una tortura".
Ese particular día, recuerda, resbaló en el piso mojado "La niña se cayó, la niña que no se quería mojar", armaron burla sus compañeros. Por algún motivo, ese instante caló más hondo que la mochila de acoso que cargaba a diario. Llegó a su casa a llorar, a escondidas de sus padres o de cualquier otro que pudiera enterarse del suplicio que duraría hasta sus 15 años, cuando finalmente se cambió de colegio.
"Cosas de niños", era la consigna de entonces frente a los conflictos entre estudiantes. Una consigna que permanece latente incluso hasta el día de hoy en profesionales del área, y que hace la vista gorda a un problema que genera niños depresivos, de baja autoestima, aislados de sus pares y con un menor rendimiento académico. Niños con el futuro herido y la infancia robada.
Esos difusos límites
El acoso escolar, o bullying, "se está convirtiendo en una realidad acuciante de la realidad escolar en todo el mundo" advierte el psicoterapeuta argentino Rolando Martiñá en su libro "La comunicación con los padres" (2007). La complejidad del fenómeno ha llevado a distintos estudios a presentar cifras contradictorias sobre el porcentaje de víctimas en la población escolar mundial, a lo que se suma la dificultad de detección del problema.
Porque, ¿qué es, realmente, el bullying? ¿Cómo se diferencia de los relajos cotidianos que todos recordamos de la escuela? Dan Olweus, considerado el primer investigador científico sobre el tema, acuñó la definición en los años 80: "Un estudiante sufre de hostigamiento escolar o es victimizado, cuando es expuesto en forma reiterada y a lo largo del tiempo, a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes".
Martiñá aclara: "El maltrato puede consistir en agresiones físicas, daño a objetos personales, pequeños hurtos, amenazas, burlas, insultos, aislamiento, difusión de calumnias o cualquier recurso destinado a someter a alguien a una situación de inferioridad y humillación". A esto se suma la versión cibernética, o cyberbullying, que incorpora las nuevas tecnologías al hostigamiento y facilita el trabajo del acosador mediante el anonimato.
Rafaela Burgos, psicóloga clínica, resume: "No es una cuestión casual. Tú puedes tener dificultades con un compañero de clases a raíz de un incidente, y tal vez se llega a los golpes o insultos, pero hay un motivo que se puede identificar. En el bullying no se puede identificar un motivo: la única razón es que este niño tiene características diferentes, que van desde la timidez o escasas habilidades sociales, hasta un niño físicamente distinto o con limitaciones". Yo le di porque vino con un sombrero muy feo, es el tipo de razonamiento sin sentido que esconde el golpe.
La agresión dominicana
El país no es impermeable al bullying. En el "Estudio de Convivencia Escolar en República Dominicana" (2008) realizado por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), se obtuvieron cifras que reflejan que sí, los estudiantes de hoy están sufriendo dentro de las aulas. Consultados sobre si reciben algún tipo de maltrato de parte de sus compañeros, un 20,2% de los alumnos reconoció ser víctima del robo o rotura de sus cosas, y un 16,7% mencionó el "ser insultado y ridiculizado" de forma permanente.
Coincidente con las investigaciones internacionales al respecto, los abusos suelen darse en estudiantes de entre 9 y 14 años. El acoso psicológico es el más común -y el más difícil de detectar-, mientras que la agresión física es la menos habitual. Los hombres sufren más que las mujeres, pero estas últimas son maestras en mover los hilos del terreno emocional.
Señales
Ximena (38, comunicadora), bien sabe de qué son capaces las niñas. Lo recuerda desde el anonimato de su nombre ficticio:Callada, tímida y pasiva, se convirtió en el pasatiempo de un grupo de niñas de su escuela. La exclusión, los sobrenombres y la obligación de hacer mandatos marcaban la tónica: "Se burlaban, sobre todo en el bachillerato, porque estaba rezagada en materia de amores y mis cosas eran de niña todavía, nada de maquillaje ni coqueterías. Las demás me llevaban muchas horas de vuelo en eso. Yo era 'la monjita' o 'la niñita".
La anécdota en cuestión podría no pasar a mayores, si no fuera por un detalle: "Yo evitaba a esas compañeras. Hubo una época en que me dio por no ir al recreo. Me quedaba en el aula con las dos únicas amigas que tenía, yo apartada, mientras veía a las demás divertirse en grupitos chismorreando. A veces quería participar pero no me atrevía por no hacer el ridículo o decir algo que las demás no aprobaran. Mejor me mantenía al margen".
La misma estrategia de aislamiento utilizó Juan Jiménez Coll (50, arquitecto) cuando comenzó el bachillerato. Después de haber sido asediado continuamente desde primer grado por su homosexualidad, eligió la protesta silenciosa: "Un día me paré al lado de unas columnas que daban hacia el patio del recreo. Y me paré ahí siempre, todos los días en el recreo, hasta que acabó el colegio. Recuerdo que pensaba 'quizás, en algún momento, alguien me pregunte por qué lo hago". Nunca nadie le preguntó. De haberlo hecho, él habría confesado la angustia que le causaban las burlas y los golpes que sus compañeros le daban.
El autoexilio de las víctimas es habitual en estas situaciones. "El niño que se va donde el profesor durante el recreo, que no tiene con quién jugar, que merienda o se queda solo jugando con una pelota, o dice que va a hacer la tarea para avanzar... todas esas son señales de que no está siendo aceptado en el grupo y hay que investigar para determinar si existe bullying detrás de esa situación", dice Burgos.
La angustia y la depresión son otros indicativos: "Los niños que viven esta experiencia muchas veces no quieren ir a la escuela y se les suele diagnosticar fobia escolar cuando lo que están pasando es una situación concreta", cuenta Burgos. Y Coll reconoce: "Las burlas me deprimían. Yo llegaba a casa con una ansiedad tremenda sabiendo que tenía que ir al día siguiente a clases. Siempre tenía ese dolor aquí en el pecho, un miedo a ir al colegio: quién me va a atacar hoy, quién me va a relajar, frente a qué voy a tener que defenderme... yo me enfermaba".
El resultado a largo plazo, para Coll, fue casi inevitable: "Lo que más resiento es que no conservo amigos del colegio. No los tengo. Inclusive ahora, han hecho reuniones de ex alumnos y no me han invitado. Ellos se juntan y se buscan, y yo no existo. Fue una época que simplemente viví y no tengo las experiencias, recuerdos o amistades que otros tienen".
El otro lado de la moneda
Carlos (25, productor de eventos) suelta una risa nerviosa y pide un nombre ficticio para dar su testimonio. Tiene fresco en su memoria su época de bully escolar, y hoy reconoce que le avergüenza.
Su agresión comenzó como mecanismo de defensa frente al acoso de sus compañeros. Recién llegado al colegio, a los 11 años, fue recibido con burlas por su sobrepeso. "Me decían 'Moby Dick' todo el día, todos los días. A la semana tomé medidas. Me sentía 'miércale, soy nuevo aquí y quisiera tener panas... tengo que hacerme respetar".
Haciendo caso omiso a las recomendaciones de los profesores ("no les hagas caso"), eligió ser el primero en dar el golpe, en una actitud que el estudio de PLAN, "Aprender sin miedo" (2008) califica como una de las posibles consecuencias de las víctimas de bullying: "[Algunos] reaccionan de manera agresiva. En un esfuerzo por recuperar su condición, algunas veces hostigan a otros compañeros de clase".
Carlos se ensañó con los compañeros diferentes y más vulnerables. "Había uno que era medio amanerado, otro que era flaco y blanco, de pelo rubio pero malo -a ese lo relajaba diciéndole 'albino'-, otro que era medio loco y yo lo metía dentro del zafacón. A los de cursos más pequeños les quitaba la merienda". Y agrega: "Cuando molestaba a los compañeros, me sentía bien, que me respetaban". Los profesores no intervenían: como buen acosador, buscaba los momentos en que no hubiera presencia de adultos.
A los compañeros que le devolvían, Carlos los dejaba en paz. "Un niño que se va perfilando como agresor comienza siendo agresivo con la mayoría, y elige al más frágil como su blanco principal, porque otros le responden", explica Burgos. "Es un tema de poder, no solo de tener una actitud agresiva con la gente en general. En muchos casos, lo que hace el agresor es quitarle la merienda a la víctima aunque no la quiera, para demostrarle que tiene poder. Está buscando sentir que los demás lo admiran, que tiene un lugar especial en el grupo".
El papel que jugamos en esto
"Es importante el rol que juega el público en el tema del bullying. Los observadores a veces no son tan observadores: en muchas ocasiones estimulan e incentivan al agresor. Tienen un papel fundamental", cuenta de entrada Rafaela Burgos. A su juicio, para prevenir el acoso el público tiene una función tanto o más relevante que los mismos protagonistas: "Los observadores muchas veces entran en disonancia porque pueden no estar de acuerdo con lo que se le hace al compañero pero no se atreven a intervenir porque tienen miedo de ser agredidos ellos mismos. Ese grupo necesita saber que puede hablar del tema. Por eso es importante hablar de esto en la escuela, para que todos sepan que esto puede pasar, que si pasa hay que decirlo. Hay que abrir canales de denuncia dentro de la escuela, e integrar de manera más abierta el trabajo con padres, maestros y niños".
Son importantes los modelos: si en su entorno el niño ve que los adultos se denostan a otros por motivos raciales, sexuales o físicos, eso es lo que aprenderá. Al final del día, un niño será abusador si la sociedad en que está inmerso, lo es. Da para pensar.
En su libro "La comunicación con los padres", el psicoterapeuta Rolando Martiñá destaca algunos de los rasgos que suelen presentarse en los protagonistas del bulllying:
Acosadores:
Tienen problemas de autoestima
Por alguna razón no pueden destacarse de otro modo
Provienen de familias donde la violencia se considera normal para resolver problemas
Son mayores o más fuertes que la mayoría de sus compañeros
Son líderes carismáticos, por admiración o temor
Por lo general son extrovertidos, impulsivos
Pueden estar vengándose de abusos sufridos
Pueden estar movidos por la envidia
Tienen dificultad para reconocer los sentimientos propios y ajenos
Acosados:
Son tímidos, temerosos
Son menores, más débiles o torpes que la mayoría de los compañeros
Pertenecen a alguna minoría dentro de la mayoría del aula: de género, étnica, social o de preferencias, por ejemplo, un varón que no gusta del fútbol
Son solitarios, no tienen amigos
Por lo general, son introvertidos
Son recién llegados
Tienen alguna desventaja física
Se destacan intelectualmente y provocan envidia
Son poco asertivos, acceden rápidamente a otros para "evitarse problemas"
Alguna vez denunciaron maltrato y quedaron etiquetados
Tienen gran necesidad de ser aceptados por los demás
Suelen creer que soportar pasivamente las adversidades es la mejor forma de lidiar con ellas
"Los estudios demuestran que los niños y las niñas que son víctimas de hostigamiento escolar tienen cinco veces más probabilidades de tener depresión que sus pares, y que las niñas que lo sufren tienen ocho veces más probabilidades de suicidarse".PLAN: Aprender sin miedo (2008)
Un estudio realizado en República Dominicana develó que un 20,2% de los alumnos ha sido víctima del robo o rotura de sus cosas, y un 16, 7% se ha sentido insultado y ridiculizado de forma permanente.
Hay un mundo de diferencia entre las bromas estudiantiles y el bullying: este último es sistemático y deja en evidencia a una víctima y a uno o más acosadores, que son siempre las mismas personas.
Más información: www.planrd.org
Fuente: DiarioLibre.com ( http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=287422&l=1 )
miércoles, 4 de mayo de 2011
lunes, 2 de mayo de 2011
Famílias Gatunas (4)
Nicola y Gemma tienen una niña y son la cuarta familia gatuna que os presentamos.
Gata Madre
martes, 26 de abril de 2011
La mayoría de los católicos que asisten semanalmente a Misa apoyan el «matrimonio» gay
Una encuesta encontró que los católicos sobrepasan a otros cristianos, e inclusive al público en general en su apoyo a las uniones homosexuales. Espero que os guste, amigos gat@s!!!
Gato Periodista
La encuesta realizada por el Public Religion Research Institute (PRRI) [Instituto Público de Investigación sobre la Religión] encontró que los católicos sobrepasan a otros cristianos, e inclusive al público en general en su apoyo a las uniones homosexuales, tanto al “matrimonio” de personas del mismo sexo como a otras uniones similares al matrimonio y que son reconocidas por el Estado.
Los resultados entre los católicos se dividieron entre los que asisten semanalmente o más a Misa (38 por ciento de los católicos), una o dos veces al mes (20 por ciento), o con menor frecuencia (41 por ciento). El apoyo al “matrimonio” de personas del mismo sexo fue mucho más elevado entre el último grupo, con el 59 por ciento del apoyo, y sólo el 16 por ciento contra todos los tipos de uniones homosexuales.
Pero inclusive entre los que asisten semanalmente o más a Misa, sólo el 31 por ciento estuvo en contra del reconocimiento legal de las uniones homosexuales, el 26 por ciento a favor del “matrimonio” de personas del mismo sexo y el 38 por ciento a favor de las uniones civiles.
La encuesta PRRI fue financiada principalmente por la Fundación Arcus, que fue fundada por Jon Stryker, el multimillonario a favor de los derechos de los gays.
Aunque un experto citado por la Catholic News Agency [Agencia Católica de Noticias] cuestionó la falla del estudio al citar un margen de error, dijo que los resultados fueron en general “muy coherentes” con otros datos disponibles públicamente sobre el tema.
“Con el tiempo ha habido un creciente porcentaje de personas que están de acuerdo en concreto con las preguntas sobre las uniones civiles y el matrimonio, algo que hemos visto en las encuestas. Mucho de esto lo vemos en términos de las diferencias generacionales”, dijo Mark M. Gray, Ph.D., director de CARA Catholic Polls [Encuestas Católicas CARA] e investigador asociado del Centro para la Investigación Aplicada en el Apostolado de la Universidad de Georgetown.
Algunos han reconocido que los datos son una sombría llamada de atención para los pastores católicos que han guardado silencio en lugar de abordar el problema cada vez más controvertida de la moral sexual.
Monseñor Charles Pope, de la arquidiócesis de Washington, señaló en un blog post el miércoles que “con la combinación de una cultura turbulenta y un púlpito tranquilo y el aula, no es de extrañar que las recientes estadísticas muestren que un número creciente de católicos no tienen la fe católica cuando se trata de cuestiones morales, especialmente las sexuales”.
Si bien la cultura moderna “vocifera promiscuidad y toma como normales tanto las expresiones heterosexuales como las homosexuales de la misma”, dijo Pope, el clero y los catequistas en tanto no proporcionan fuertes argumentos en contra y mantienen “bastante silenciosos y vaguedad al respecto”.
“Pienso que en la Iglesia tenemos que aceptar que se ha producido un cambio generacional, tanto en la Iglesia y en la cultura. Y ha sucedido en nuestro reloj”, escribió.
El sacerdote reflexionó que la Iglesia en Estados Unidos guardó silencio desde hace mucho tiempo sobre la ruptura de la familia, especialmente comenzando con la implementación del divorcio sin culpa a finales de 1960, abandonando a los líderes “en la lucha para enseñar a los fieles de nuevo los fundamentos del matrimonio”.
“Sí, hemos vuelto tarde a la batalla”, escribió Pope. “Pero debemos empezar”.
Escribió que “mientras lo hacemos, nos aplicarán toda clase de nombres a través de una cultura que ahora encuentra que el Evangelio y su visión moral son desagradables, incluso odiosos. Será nuestra tarea proponer de nuevo el Evangelio en formas creativas y reflexivas, y presentar por qué tiene sentido y que no es para nada odioso”.
domingo, 24 de abril de 2011
Feliz Domingo de Resurección!
Feliz Domingo de Resurección, mis gatines. Y que Dios este con vosotros y con todos sus hijos del Callejón.
Gata Madre
Gata Madre
jueves, 21 de abril de 2011
Testimonio escrito (III) - Nicolás (Chile)
Os presento al gato Nicolás que nos maúlla este testimonio desde Chille. Os advierto que es bastante duro, pero espero que os haga pensar. Gracias Nicolás! El Callejón siempre será tu casa.
Gata Confesora
Me llamo Nicolás, no diré apellidos, tengo 14 años y a pesar mi corta edad he podido experimentar lo que significa ser diferente y sus consecuencias. Yo vivo en Chile, un lugar donde ser fuerte y sobrevivir cuesta: a mí me ha costado demasiado.
A los cinco años empecé el colegio para cursar primaria. Allí todo el mundo me quería como a un niño más. Desafortunadamente, al cabo de un par de años tuve que cambiarme a otro, donde los problemas comenzaron. Los otros chicos me odiaban porque me juntaba con chicas. No entendía porque, a mi me encantaba juntarme con ellas: conocerlas más y poder entenderlas. Los primeros años, jugábamos a ser parejas, siempre jugaba con las chicas que hallaba lindas, les daba besos e incluso pude estar con una de ellas más de 3 años, jugando.
A los ocho años me gusto la primera niñita, por entonces aun no me atraían los chicos. No obtente tuve un único amigo, con el que compartía mis gustos por la animación japonesa, la música, etcétera. Siempre participábamos en actos: cantábamos y recitábamos poesía Mis compañeros no soportaban eso, me envidiaban por sobresalir y hacer cosas que ellos no podían. Por eso me tenían completamente ignorado, como a un bicho raro.
A los nueve años entré al cuarto curso, y entonces fue cuando las cosas se empezaron a poner muy feas: comenzaron a insultarme. Me hacían sentir tan mal, extremadamente mal ¿Que había hecho yo para merecerlo? Al parecer, la causa era que yo me juntaba con las niñas que a ellos les atraían, de ahí comenzaron todos los chismes, de que yo era una "Niña" y que era "Gay". No lo aceptaba, pero tampoco respondía golpeando, siempre me gustó ser pacifico y no golpear, menos por cosas estúpidas, por lo cual me aguante los primeros insultos hasta que empezaron a extenderse por todo el colegio y comencé a ser el tema del año: nadie quería juntarse conmigo, me elegían de los últimos en grupos de gimnasia y empecé a ser severamente discriminado y aislado por los otros chicos. Esta situación siguió durante varios años. Dejé de querer ir al colegio, me hacía el enfermo, o bien me iba a casas de amigos o cualquier otro lugar bien lejos del colegio ya que no aguantaba el apodo “gay”. Por supuesto, mi rendimiento escolar cayó en picado.
Cuando cumplí los diez años finalmente pasó algo sorprendente para mí: me atrajo el primer chico! Fue muy extraño porque mis gustos por mujeres se deshacían mientras que los hombres aumentaban. Pero aún así, no me aceptaba a mi mismo como homosexual: solo tenía 10 años!
En séptimo curso (a los doce años) me di cuenta de que era gay. Aunque no lo dije a nadie, de cara a los demás era hetero. En ese año también tuve mi primera pareja gay, y por primera vez me sentí feliz como si estuviera en el cielo... después de tantos años de soledad, la vida me ofrecía esperanza y alegría. Pero ser feliz era demasiado pedir, y pronto desperté de aquel dulce sueño. Un día me enteré de que mi chico flirteaba por Messenger con chicas, quedaba con ellas para besarse a escondidas de mi. Y fue con ese chico con quien tuve sexo por primera vez. Era maravilloso, sentir alguien amándome a mi lado. Me di cuenta que solo me quería par tener sexo, lo cual también hacia con otras personas. Y yo que lo amaba tanto… hizo que mis sueños se convirtieran en pesadillas. Yo lloraba todos los días escondiendo mis lagrimas ante mi familia, nunca nadie supo de aquella relación, ni del sufrimiento que me produjo la ruptura. Tampoco supo nadie que en aquellos días consideraba a menudo terminar voluntariamente con mi vida.
En varias revistas, en series de televisión, … leí que tener sexo quitaba la depresión y cosas así, fue entonces cuando comencé a practicar sexo con gente. No solía decir que no, el sexo en sí no estaba mal, pero yo lo que buscaba era sentir la presencia, el interés y el cariño de alguien a mi lado. Aunque fuera un extraño que solo me quería por mi cuerpo. La vida no me ofrecía nada mucho mejor que eso.
Hasta entonces, aunque no tenía amigos podía contar con en el amor de mi familia. Pero por alguna razón, ese último refugio de tranquilidad que me quedaba también cambió drásticamente: mi familia empezó a dar claras muestras de cruda homofobia: hablaban a diario en contra de los homosexuales, despreciándolos, mi mamá decía abiertamente que no dudaría en echar de casa a su hijo si se enterara de que era homosexual. Por eso yo guardaba mi secreto conmigo, intentando que nadie se enterara, no levantar sospecha… Pero finalmente no pude más y tuve que confesárselo a mi mejor amiga. Ella me entendió y eso me hizo sentir muy bien, como si me sacara un peso de encima. Así, poco a poco fui contándoselo a otras personas: mis amigos más confiables y a mi sobrina que hasta el día de hoy es la única en la familia que sabe. Cada vez me sentía más feliz y los comentarios de mis compañeros ya no hacían tanto efecto, aunque gimnasia seguía siendo un lío y faltaba igualmente a aquellas clases.
A los trece años, a música era mi vida, no tenía nada, me sentía cada vez más alejado de mi familia y aunque mis amigos me dijeran varias cosas lindas esto no lograba ayudar por lo que recurrí a la música y posteriormente en buscar a alguien, un ser que me acompañara y con el cual poder contar todos mis secretos, hasta los más dolorosos. No había nada mejor que buscar una mascota, un gato fue lo primero que pensé pero mi familia no me dejó tener uno. Me sentía tan solo a pesar de haber contado mis secretos a mis amigos... pero aún así seguía con mi rostro en alto, sabía que algo bueno ocurriría algún día. Meses después llego el aviso de que la mascota de mi sobrina iba a tener cachorros, momento perfecto para escoger uno, por lo tanto una vez los cachorros vieron la luz pude elegir, y al que elegí fue al más débil y unos días después murió. Comencé de nuevo a sentirme solo, me apoyé en mis compañeras y pude sentir que los problemas se iban, pero llegaban cada vez peores.
A los catorce años pasé por la etapa más tristes de toda mi vida. Simplemente mis ánimos bajaron y volví a rechazarme, no podía verme al espejo y no me cuidaba, solo esperaba que todo pasara rápido, perdí a gente, mucha gente que se decían llamar “amigos” , por un acontecimiento que ocurrió no hace mucho, tuve una pelea con mi “mejor amigo” y el círculo de amistades en el que estaba decidieron seguir a aquel tipo sin escuchar mi historia, me odian y me desprecian, eso me marcó mucho: me tiraba en la cama y lloraba sin que nadie se diera cuenta ya que pensaba que nadie le gustaría saber lo que me pasaba. Tampoco le podía contar a mi mamá ya que tenía miedo, mucho miedo, solo le decía “Necesito a la psicóloga, necesito a la psicóloga” cuando me encontraba llorando.
Al final un dia no aguante mas y explote! Fue una tarde que estaba en casa de mi sobrina. Yo estaba en su habitación, sollozando yo solo. Entonces ella entró a la habitación de repente y me preguntó que ocurría. Yo no pude más y le dije:
- No quiero aceptarlo – Aguantando lágrimas, haciéndome el fuerte
- ¿Qué cosa?
- Que mi vida es una mierda… ¿Qué es lo que hice mal, que hice para merecerme esto?
En ese entonces, me rodeó con sus brazos y yo me desahogue como nunca lo había hecho, grité y creo que más de alguien en la casa se dio cuenta…
Mi autoestima en los días siguiente marcó el cero absoluto, me encerraba, colocaba la música fuerte, cerraba las cortinas y todo se quedaba oscuro como quería, me acostaba y lloraba más, aun más, de vez en cuando empezaba a golpear la pared y observaba constantemente las cajas de pastillas, no había nadie que me viera en ese momento así que lo podía hacer, eran tan solo segundos, solo unos pocos segundos, no habría dolor… pero a pesar de todo no lo hice porque debía saber que ocurriría en el futuro.
No he acudido a ninguna organización para gays, ni a psicólogos, ni nada. Sé que superar todo esto si encuentro buenos amigos. Pero sin amigos… puedo pintar mi paisaje solo, sin dedos ni manos. Todos tienen una hoja de papel en blanco al nacer, y para poder pintar en la hoja, hay que dibujarlo y para dibujarlo hay que sobrevivir y vivir hasta el último segundo. Una vez hayas vivido todo, puedes ver que tu paisaje es lo más bello que existió en este mundo.
Actualmente sigo sufriendo bullying cada día. Ya no con mis compañeros de clase, sino con gente de otros cursos superiores. Pero ya me da igual. Como dijo mi profesora “Ser homosexual es un duro camino y más aún si se sale del ropero, tomar esas decisiones es solo para los valientes y para los que están decididos a vivir la vida.” A día de hoy, la mayoría de la gente que conozco sabe mi realidad
Mi familia aun lo sabe. Tengo miedo, mucho miedo, de cómo reaccionará mi mamá, mi padrino y el resto de mi familia. No sé si me insultarán, me rechazarán o simplemente me echaran de casa para no hacerse más problemas. Como digo mi sobrina, que es la única en la familia que lo sabe, algún día sacaré mi realidad y cuando llegue ese día sabré si en realidad mi familia me amaban o me simplemente querían que fuera una persona hecha a su medida, que encajase con su ideal de hijo.
Siempre pensé que el arte podía solucionar cosas, y bueno, solucionó algo mi vida, aprendí a aceptarme tal como soy, eso fue gracias unas canciones que me hicieron sentir bien, aliviado y dispuesto a vivir la vida... The best thing about me is you y Born this Way. Perdí y gané amigos, pero ahora hay personas que me entienden y apoyan. Además lo que importa es que puedo vivir mi vida como soy y no mostrar mi lado falso a la gente ya que eso perturba mi vida y me hace sentir... insatisfecho conmigo mismo. Pasé una depresión, estuve solo, sufrí bullying, me traicionaron y me engañaron, tuve sexo, perdí amigos, perdí compañeros en la vida... Pero sé que mi vida aún no termina así, será mejor algún día... Soy humano, igual que todos nosotros, Dios me hizo perfecto, me hizo para sobrevivir y ser fuerte. Sé que si me drogo y tomo, me suicido o me escondo, no encontraré lo que quiero, sino que serán más obstáculos. Yo quiero encontrar la felicidad y para encontrar esa felicidad debo seguir adelante, se que algún día la encontraré, se que Dios no hizo mi vida trágica, la hizo para ver si soy fuerte o débil. Suicidándose no se arreglan los problemas, solo harán que un alma no pueda encontrar la felicidad. No soy Dios para saber mi futuro, pero de lo que estoy seguro es que algún día será mejor, mucho mejor... Aceptarme como soy, yo nací así y vivo para ser fuerte y encontrar esa felicidad que iluminará hasta el más mínimo rincón de tristeza.
Pero ahora soy feliz… Vivir es difícil, aun mas si no tienes manos para poder levantarte ni para poder dibujar un paisaje.
Para mí ser homosexual es muy difícil, las realidades que llevo dentro de mí son un gran peso, pero vivir así significa ser fuerte, vivo la vida para ser fuerte y para demostrar que yo soy valiente. Mi vida va a mejorar!
Gata Confesora
Me llamo Nicolás, no diré apellidos, tengo 14 años y a pesar mi corta edad he podido experimentar lo que significa ser diferente y sus consecuencias. Yo vivo en Chile, un lugar donde ser fuerte y sobrevivir cuesta: a mí me ha costado demasiado.
A los cinco años empecé el colegio para cursar primaria. Allí todo el mundo me quería como a un niño más. Desafortunadamente, al cabo de un par de años tuve que cambiarme a otro, donde los problemas comenzaron. Los otros chicos me odiaban porque me juntaba con chicas. No entendía porque, a mi me encantaba juntarme con ellas: conocerlas más y poder entenderlas. Los primeros años, jugábamos a ser parejas, siempre jugaba con las chicas que hallaba lindas, les daba besos e incluso pude estar con una de ellas más de 3 años, jugando.
A los ocho años me gusto la primera niñita, por entonces aun no me atraían los chicos. No obtente tuve un único amigo, con el que compartía mis gustos por la animación japonesa, la música, etcétera. Siempre participábamos en actos: cantábamos y recitábamos poesía Mis compañeros no soportaban eso, me envidiaban por sobresalir y hacer cosas que ellos no podían. Por eso me tenían completamente ignorado, como a un bicho raro.
A los nueve años entré al cuarto curso, y entonces fue cuando las cosas se empezaron a poner muy feas: comenzaron a insultarme. Me hacían sentir tan mal, extremadamente mal ¿Que había hecho yo para merecerlo? Al parecer, la causa era que yo me juntaba con las niñas que a ellos les atraían, de ahí comenzaron todos los chismes, de que yo era una "Niña" y que era "Gay". No lo aceptaba, pero tampoco respondía golpeando, siempre me gustó ser pacifico y no golpear, menos por cosas estúpidas, por lo cual me aguante los primeros insultos hasta que empezaron a extenderse por todo el colegio y comencé a ser el tema del año: nadie quería juntarse conmigo, me elegían de los últimos en grupos de gimnasia y empecé a ser severamente discriminado y aislado por los otros chicos. Esta situación siguió durante varios años. Dejé de querer ir al colegio, me hacía el enfermo, o bien me iba a casas de amigos o cualquier otro lugar bien lejos del colegio ya que no aguantaba el apodo “gay”. Por supuesto, mi rendimiento escolar cayó en picado.
Cuando cumplí los diez años finalmente pasó algo sorprendente para mí: me atrajo el primer chico! Fue muy extraño porque mis gustos por mujeres se deshacían mientras que los hombres aumentaban. Pero aún así, no me aceptaba a mi mismo como homosexual: solo tenía 10 años!
En séptimo curso (a los doce años) me di cuenta de que era gay. Aunque no lo dije a nadie, de cara a los demás era hetero. En ese año también tuve mi primera pareja gay, y por primera vez me sentí feliz como si estuviera en el cielo... después de tantos años de soledad, la vida me ofrecía esperanza y alegría. Pero ser feliz era demasiado pedir, y pronto desperté de aquel dulce sueño. Un día me enteré de que mi chico flirteaba por Messenger con chicas, quedaba con ellas para besarse a escondidas de mi. Y fue con ese chico con quien tuve sexo por primera vez. Era maravilloso, sentir alguien amándome a mi lado. Me di cuenta que solo me quería par tener sexo, lo cual también hacia con otras personas. Y yo que lo amaba tanto… hizo que mis sueños se convirtieran en pesadillas. Yo lloraba todos los días escondiendo mis lagrimas ante mi familia, nunca nadie supo de aquella relación, ni del sufrimiento que me produjo la ruptura. Tampoco supo nadie que en aquellos días consideraba a menudo terminar voluntariamente con mi vida.
En varias revistas, en series de televisión, … leí que tener sexo quitaba la depresión y cosas así, fue entonces cuando comencé a practicar sexo con gente. No solía decir que no, el sexo en sí no estaba mal, pero yo lo que buscaba era sentir la presencia, el interés y el cariño de alguien a mi lado. Aunque fuera un extraño que solo me quería por mi cuerpo. La vida no me ofrecía nada mucho mejor que eso.
Hasta entonces, aunque no tenía amigos podía contar con en el amor de mi familia. Pero por alguna razón, ese último refugio de tranquilidad que me quedaba también cambió drásticamente: mi familia empezó a dar claras muestras de cruda homofobia: hablaban a diario en contra de los homosexuales, despreciándolos, mi mamá decía abiertamente que no dudaría en echar de casa a su hijo si se enterara de que era homosexual. Por eso yo guardaba mi secreto conmigo, intentando que nadie se enterara, no levantar sospecha… Pero finalmente no pude más y tuve que confesárselo a mi mejor amiga. Ella me entendió y eso me hizo sentir muy bien, como si me sacara un peso de encima. Así, poco a poco fui contándoselo a otras personas: mis amigos más confiables y a mi sobrina que hasta el día de hoy es la única en la familia que sabe. Cada vez me sentía más feliz y los comentarios de mis compañeros ya no hacían tanto efecto, aunque gimnasia seguía siendo un lío y faltaba igualmente a aquellas clases.
A los trece años, a música era mi vida, no tenía nada, me sentía cada vez más alejado de mi familia y aunque mis amigos me dijeran varias cosas lindas esto no lograba ayudar por lo que recurrí a la música y posteriormente en buscar a alguien, un ser que me acompañara y con el cual poder contar todos mis secretos, hasta los más dolorosos. No había nada mejor que buscar una mascota, un gato fue lo primero que pensé pero mi familia no me dejó tener uno. Me sentía tan solo a pesar de haber contado mis secretos a mis amigos... pero aún así seguía con mi rostro en alto, sabía que algo bueno ocurriría algún día. Meses después llego el aviso de que la mascota de mi sobrina iba a tener cachorros, momento perfecto para escoger uno, por lo tanto una vez los cachorros vieron la luz pude elegir, y al que elegí fue al más débil y unos días después murió. Comencé de nuevo a sentirme solo, me apoyé en mis compañeras y pude sentir que los problemas se iban, pero llegaban cada vez peores.
A los catorce años pasé por la etapa más tristes de toda mi vida. Simplemente mis ánimos bajaron y volví a rechazarme, no podía verme al espejo y no me cuidaba, solo esperaba que todo pasara rápido, perdí a gente, mucha gente que se decían llamar “amigos” , por un acontecimiento que ocurrió no hace mucho, tuve una pelea con mi “mejor amigo” y el círculo de amistades en el que estaba decidieron seguir a aquel tipo sin escuchar mi historia, me odian y me desprecian, eso me marcó mucho: me tiraba en la cama y lloraba sin que nadie se diera cuenta ya que pensaba que nadie le gustaría saber lo que me pasaba. Tampoco le podía contar a mi mamá ya que tenía miedo, mucho miedo, solo le decía “Necesito a la psicóloga, necesito a la psicóloga” cuando me encontraba llorando.
Al final un dia no aguante mas y explote! Fue una tarde que estaba en casa de mi sobrina. Yo estaba en su habitación, sollozando yo solo. Entonces ella entró a la habitación de repente y me preguntó que ocurría. Yo no pude más y le dije:
- No quiero aceptarlo – Aguantando lágrimas, haciéndome el fuerte
- ¿Qué cosa?
- Que mi vida es una mierda… ¿Qué es lo que hice mal, que hice para merecerme esto?
En ese entonces, me rodeó con sus brazos y yo me desahogue como nunca lo había hecho, grité y creo que más de alguien en la casa se dio cuenta…
Mi autoestima en los días siguiente marcó el cero absoluto, me encerraba, colocaba la música fuerte, cerraba las cortinas y todo se quedaba oscuro como quería, me acostaba y lloraba más, aun más, de vez en cuando empezaba a golpear la pared y observaba constantemente las cajas de pastillas, no había nadie que me viera en ese momento así que lo podía hacer, eran tan solo segundos, solo unos pocos segundos, no habría dolor… pero a pesar de todo no lo hice porque debía saber que ocurriría en el futuro.
No he acudido a ninguna organización para gays, ni a psicólogos, ni nada. Sé que superar todo esto si encuentro buenos amigos. Pero sin amigos… puedo pintar mi paisaje solo, sin dedos ni manos. Todos tienen una hoja de papel en blanco al nacer, y para poder pintar en la hoja, hay que dibujarlo y para dibujarlo hay que sobrevivir y vivir hasta el último segundo. Una vez hayas vivido todo, puedes ver que tu paisaje es lo más bello que existió en este mundo.
Actualmente sigo sufriendo bullying cada día. Ya no con mis compañeros de clase, sino con gente de otros cursos superiores. Pero ya me da igual. Como dijo mi profesora “Ser homosexual es un duro camino y más aún si se sale del ropero, tomar esas decisiones es solo para los valientes y para los que están decididos a vivir la vida.” A día de hoy, la mayoría de la gente que conozco sabe mi realidad
Mi familia aun lo sabe. Tengo miedo, mucho miedo, de cómo reaccionará mi mamá, mi padrino y el resto de mi familia. No sé si me insultarán, me rechazarán o simplemente me echaran de casa para no hacerse más problemas. Como digo mi sobrina, que es la única en la familia que lo sabe, algún día sacaré mi realidad y cuando llegue ese día sabré si en realidad mi familia me amaban o me simplemente querían que fuera una persona hecha a su medida, que encajase con su ideal de hijo.
Siempre pensé que el arte podía solucionar cosas, y bueno, solucionó algo mi vida, aprendí a aceptarme tal como soy, eso fue gracias unas canciones que me hicieron sentir bien, aliviado y dispuesto a vivir la vida... The best thing about me is you y Born this Way. Perdí y gané amigos, pero ahora hay personas que me entienden y apoyan. Además lo que importa es que puedo vivir mi vida como soy y no mostrar mi lado falso a la gente ya que eso perturba mi vida y me hace sentir... insatisfecho conmigo mismo. Pasé una depresión, estuve solo, sufrí bullying, me traicionaron y me engañaron, tuve sexo, perdí amigos, perdí compañeros en la vida... Pero sé que mi vida aún no termina así, será mejor algún día... Soy humano, igual que todos nosotros, Dios me hizo perfecto, me hizo para sobrevivir y ser fuerte. Sé que si me drogo y tomo, me suicido o me escondo, no encontraré lo que quiero, sino que serán más obstáculos. Yo quiero encontrar la felicidad y para encontrar esa felicidad debo seguir adelante, se que algún día la encontraré, se que Dios no hizo mi vida trágica, la hizo para ver si soy fuerte o débil. Suicidándose no se arreglan los problemas, solo harán que un alma no pueda encontrar la felicidad. No soy Dios para saber mi futuro, pero de lo que estoy seguro es que algún día será mejor, mucho mejor... Aceptarme como soy, yo nací así y vivo para ser fuerte y encontrar esa felicidad que iluminará hasta el más mínimo rincón de tristeza.
Pero ahora soy feliz… Vivir es difícil, aun mas si no tienes manos para poder levantarte ni para poder dibujar un paisaje.
Para mí ser homosexual es muy difícil, las realidades que llevo dentro de mí son un gran peso, pero vivir así significa ser fuerte, vivo la vida para ser fuerte y para demostrar que yo soy valiente. Mi vida va a mejorar!
lunes, 18 de abril de 2011
Sven
Os presento al gato Sven. Es un chico de Alemania de 18 anos que sufrió bullying en el colegio. Aquí nos explica cómo se enfrentó a los bullies y consiguió que le respetaran. Y adivinais qué? pues su vida mejoró :)
Gata Madre
jueves, 14 de abril de 2011
Michelle y el matrimonio igualitario
Buen día desde la redacción del Callejón para daros este articulo de última hora y gran interés. Lo escribe el gato ObusMan, desde Uruguay, y nos lo manda la gata Rosa (si, si, la del testimonio!). Espero que os guste. Devuelvo la conexión y maúllo!!!
Gato Periodista
No conozco a Michelle. No la conozco más allá de la fama que adquirió con justicia, tras convertirse, luego de una proeza inestimable, en la primera abogada transexual de la historia de nuestro país y, probablemente, la primera egresada trans de la Universidad de la República. Me dirán que la identidad sexual no atribuye un mérito académico particular a la culminación de los estudios de grado. Sin embargo, no puede ni debe ser soslayado que Michelle debió abrirse su camino vital y profesional cercada por el miedo y la hostilidad notable que expone una parte enorme de la sociedad hacia las personas que se atreven a ser lo que verdaderamente son, más allá de los prejuicios y los patrones consagrados por la presunta normalidad.
Me imagino lo que deben haber sido los primeros años a partir de que asumió e hizo pública su identidad femenina, en plena adolescencia. Creo poder imaginarme el infierno al que debió ser sometida por sus compañeros de secundaria, al cabo principales víctimas y reproductores de una intolerancia y un terror aprendido casa por casa, familia por familia, poleas de transmisión de una estructura de valores sistemáticamente cruel para con el otro, con el que “diverge”, con el que se “desvía”, con lo “anormal” de acuerdo a una categoría estandarizante que suprime, impone la invisibilidad y, si es necesario, reprime, y hasta mata a quien de algún modo se atreva a su autenticidad, pese a quien pese, cueste lo que cueste, encaje o no encaje en los preceptos axiológicos de su tiempo y de la geografía accidental a la que pertenece.
Contra todo eso debió luchar Michelle sin duda alguna y es bastante probable que haya estado muchas veces al borde de la derrota, una derrota que habría dicho mucho menos de ella que del resto, que habría estado plenamente justificada dada la asimetría evidente entre las fuerzas inquisitorias de la multitud frente a la pura voluntad de una persona. Pero no pudo la multitud ni el mundo, no pudo el prejuicio ni el miedo ni la intolerancia, no pudieron con ella, y eso es lo que convierte los logros de su vida en una épica digna de homenaje, de laudatio, del reconocimiento por las personas dignas.
Escribo sobre ella porque siento que lo merece, pero también porque por estos días ingresa en el Parlamento nacional un proyecto de ley que, según me cuentan, es casi en la totalidad de su autoría. Se trata del proyecto que consagrará el matrimonio igualitario en Uruguay, ley que, si todo marcha como hasta ahora, será aprobada este año en las dos cámaras, con los votos del Frente Amplio y, por qué no, quizá con la adhesión de legisladores de otros partidos con representación parlamentaria.
El proyecto supuso para Michelle una revisión exhaustiva del código civil, escudriñando en los inacabables montículos de normas para despojar la legislación nacional de todas las referencias sexistas que impiden la satisfacción universal del derecho al matrimonio a las personas cuya orientación sexual no se corresponde con la supuesta “naturalidad” heterosexual. A partir de esta ley, todo el mundo podrá casarse en Uruguay, en todas las combinaciones que el amor admite que, como bien se sabe, es un sentimiento subversivo, revolucionario, indomable, irreprimible, poco afecto a códigos y a templos, capaz de movilizar lo más hermoso de la especie en cualquier tiempo y en cualquier lugar, sin detenerse en consideraciones jurídicas o teológicas de ningún tipo.
Esta ley seguramente promoverá un debate social tremendo y no tardará en levantarse la voz admonitoria de la conservación, las amenazas sobre el aterrizaje del diablo en tierras orientales, y todo el conjunto de imprecaciones de las que son capaces los adictos al miedo y a las prohibiciones. Pero no importa. Hay que bancarlo. Bienvenido el debate, la polémica y hasta el insulto si es por la causa, a esta altura impostergable, de hacer justicia con la historia, con la vida, con nosotros mismos.
No sé bien cuándo fue que se generalizó esa tendencia de la civilización a someter el amor y el de deseo a los términos de un contrato frente al Estado, pero mientras exista el matrimonio, mientras no desaparezca en las intrascendencias del olvido, todas y todos debemos ser iguales en el derecho a contraerlo y todas y todos debemos ser iguales en el derecho a la separación física y administrativa, por la sola voluntad del contrayente y sin mayores explicaciones, todo lo cual está previsto en el proyecto elaborado por Michelle, patrocinado por el colectivo Ovejas Negras e introducido en el parlamento por Sebastián Sabini, el tati, un joven diputado del MPP por el departamento de Canelones, al que también corresponde reconocer con calor y felicitar.
Tal vez La ley en el futuro sea referida como la ley Suárez Bértora, por los apellidos de su valiente autora, pero entiendo que el correcto homenaje sería llamarla ley Michelle, o Michelle Suárez Bértora, porque siento que es allí donde radica el símbolo, porque vaya a saberse todos los muros que debió derribar para conquistar el derecho a portar un nombre que se ajuste a su identidad y no vivir, como han vivido tantas y tantos, como aún viven muchas personas, infelizmente cautivas en la cárcel del viceversa.
ObusMan
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